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lunes, 28 de julio de 2014

Entrevista a Josep Ramon Bosch


Bosch (Societat Civil Catalana): 'A Cataluña le ha ido muy bien con el resto de España y le irá todavía mejor'

Josep Ramon Bosch
Entrevista publicada en La Voz Libre el 28-07-2014.
El filósofo y escritor Roberto Augusto entrevista a Josep Ramon Bosch, presidente de Societat Civil Catalana.

¿Qué es Societat Civil Catalana?

SCC es un grupo de personas de distintas sensibilidades ideológicas. Gente que procedemos del centro derecha liberal o de la izquierda, y de la extrema izquierda, que hemos decidido que lo que nos une es que somos catalanes y nos sentimos españoles. En nuestra asociación hay muchos que proceden de fuera de la política, del mundo del bilingüismo, de la lucha por los derechos de los castellanohablantes o gente que procedemos del catalanismo. Es decir, somos personas que formamos parte de la sociedad civil y que hemos decidido unirnos para combatir el independentismo, dar voz a los no independentistas, y para dar un mensaje positivo de lo que es España.

Algunos podrían acusarles de ser la versión españolista de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). ¿Qué les diría a los que piensan esto?

Este es un discurso recurrente. Nosotros no somos la antítesis de la ANC porque ésta surgió de unas estructuras de poder y financiada por la Generalitat o empujada de manera muy clara por ella. Nosotros hemos surgido desde la calle. No hemos tenido ninguna ayuda y no la estamos teniendo. Nosotros no estamos a favor de un proceso ilegal sino que estamos para mantener la legalidad. Esas ya son suficientes diferencias.

El mundo del independentismo lleva años organizado y fuertemente movilizado. Llama poderosamente la atención que las entidades contrarias a la independencia hayan tardado tanto tiempo en unirse bajo un mismo paraguas. ¿A qué achaca esta división del mundo no nacionalista en Cataluña?

Pues a treinta y cinco años de adoctrinamiento de los catalanes. A treinta y cinco años de hacer buenos y malos catalanes. A treinta y cinco años de insultar de forma continuada desde las instituciones, desde los colegios, desde el mundo del deporte, a todos los que se sentían catalanes y, al mismo tiempo, españoles. Eso ha provocado que los catalanes que nos sentimos españoles no nos hayamos visibilizado para no parecer malos catalanes. Esto es básicamente lo que ha pasado. Ha llegado un momento en el que la presión nacionalista-independentista ha traspasado una serie de fronteras que todos creíamos inviolables. Ante la falta de reacción del Gobierno de España, no de éste, sino de todos ellos, hemos decidido un grupo de catalanes, pequeño ahora, pero que será muy numeroso, salir y plantear una batalla democrática y de comunicación decididos a ganarla.

¿Qué cree que sucederá el próximo 9 de noviembre, fecha en la que está convocada la famosa consulta separatista que pretende hacer el presidente Artur Mas?

Nada. No pasará nada. Es decir, no habrá una consulta legal. Por tanto, creo que debemos estar muy tranquilos el 9 de noviembre. El problema viene a partir del 10 de noviembre. Puede ser que la ANC decida seguir adelante el día 9 con su hoja de ruta y que saquen las urnas y que hagan la gran charlotada de votar, que vote una cantidad importante de gente y que todo sea una fiesta. Quizás algunos radicales intenten asaltar las plazas o algún edificio, cosa que no preveo. Puede haber cierta agitación. Después del 9 de noviembre simplemente viene el 10 de noviembre.

¿Está usted a favor o en contra de que se pueda hacer una consulta sobre este tema al pueblo catalán?

Siempre que se pueda votar estoy absolutamente a favor. Los catalanes nos autodeterminamos siempre que votamos. Ahora bien, es cierto que la población catalana ha sido fuertemente adoctrinada en la idea de que votar es democrático y de que tienen derecho a ser consultados sobre su futuro. Ante esta tesitura es muy difícil argumentar porque ya te tachan de antidemócrata o de fascista. La carga de la prueba se la tenemos que pasar a los independentistas, ya que son ellos los que no nos dejan votar a todos. Ellos quieren romper España pero no quieren que voten todos los españoles. Son ellos los antidemócratas y no nosotros. Quiero que votemos todos los españoles juntos. Ese es el punto principal donde debemos presentar nuestra batalla.  

¿No le parece que desde las instituciones del Estado central se ha abandonado a su suerte, al menos hasta ahora, a todos aquellos que no estamos de acuerdo con los planteamientos nacionalistas-independentistas?

España ha abandonado a los catalanes. No hay ninguna duda. Lo que ha pasado es gravísimo. Se ha abandonado la educación y las instituciones. Ha habido una retirada absoluta de España en Cataluña. Jordi Pujol lo tenía muy claro: avui paciència, demà independència [hoy paciencia, mañana independencia]. Francesc de Carreras en Paciencia o independencia, un libro que recomiendo, explica muy bien la vía catalana: una vía de romper España con distintas estaciones. Y ahora ese camino llega a lo que ellos creen que es su punto final: la independencia. La culpa no es de los independentistas. La culpa es de los Gobiernos de España, que nos han dejado abandonados a nuestra suerte.

Muchas personas en Cataluña, algunas no nacionalistas, piensan que viviríamos mejor si fuéramos independientes. ¿España nos roba como dicen algunos?

Eso es una barbaridad. Es una frase delictiva pronunciada, además, por gente muy bien asentada y apoltronada en algunos despachos de consejos de administración de grandes corporaciones españolas, de empresas mundiales, que han acusado al resto de españoles de ladrones. Esto es gravísimo y hay que denunciarlo. Cataluña no es distinta al resto de España en cuanto a corrupción. Pero aquí sí que ha habido un estricto sometimiento de la prensa, ya sea la pública o la privada, en el afán de presentar a España como un país corrupto, antiguo, como un país donde las instituciones han perdido sentido, donde la monarquía es lo que hemos visto todos, donde los partidos políticos solo buscan poder y dinero, como si aquí no existiera un oasis putrefacto y mal oliente. Basta con recordar que el principal partido de gobierno en Cataluña tiene la sede embargada por una serie de procesos judiciales. Pero de esto no se habla. Efectivamente, España no nos roba: nos compra y nos quiere. Hemos estado conviviendo muchísimos años juntos. Antes de ser catalanes, los catalanes ya éramos españoles. Es una barbaridad intentar diferenciar Cataluña de España como si fueran dos realidades distintas. Este es el mensaje que queremos hacer llegar a la gente: con el resto de España a Cataluña le ha ido bien, le está yendo bien y le irá mejor.

Hace pocas semanas, en una tertulia de TV3, se les ha calificado de “quintacolumnistas”, es decir, como traidores vendidos al enemigo español. ¿Cómo valora el papel de los medios públicos de comunicación en Cataluña?

Realmente es muy triste que TV3, que nos cuesta 400 millones de euros, que es una televisión pública que debería hablar de todos los españoles y de todos los catalanes, se dedique únicamente a hablar de la independencia. El otro día el motivo de apertura de un telenoticias era que un click de Playmóvil había sido lanzado a la estratosfera con una bandera independentista catalana. Una noticia absolutamente estúpida pero que servía para seguir hablando de la independencia. Se llega hasta estos extremos ridículos. Es demencial que en una tertulia de TV3 cinco tertulianos de distinto pelaje ideológico se dediquen durante diez o doce minutos a insultar a miembros de SCC, que la presentadora no haga nada para defendernos, les deje hablar y, además, se sienta ofendida porque decimos que hemos sido insultados. Los independentistas durante meses han querido comparar a Cataluña con Ucrania, ahora no porque la cosa está más complicada, y a los quintacolumnistas en Ucrania los fusilan.

¿Qué consecuencias económicas tendría una hipotética independencia de Cataluña?

No soy economista, aunque en SCC tenemos muchos economistas de primer nivel, como Clemente Polo o Ferrán Brunet, por citar algunos. Hay otros catedráticos que nos apoyan, pero que no quieren dar el paso de decirlo públicamente por las posibles consecuencias represoras que eso puede tener. Lo que puedo decir es que el principal negocio de Cataluña es venderle al resto de España. Nosotros exportamos más a Aragón que a Alemania. Ese ya es un dato lo suficientemente importante para entender que la ruptura de España será muy complicada. Dicho esto, por ejemplo, los miembros del Colectivo Wilson, dicen que la independencia nos hará más ricos porque la ruptura con España al final será amistosa y los españoles nos seguirán comprando cuando ellos saben perfectamente que esto no es así. Quieren vender una maldad como si fuera una bondad.

¿Cataluña es una nación?

Ahora voy a hablar como Josep Ramón Bosch, no como presidente de SCC, ya que en nuestra asociación hay muchas sensibilidades. Creo que Cataluña es una nación cultural, que forma parte de una comunidad de habla catalana, que no solo es el principado, sino que engloba otras zonas dentro del Reino de España, y que está integrada dentro de la nación política española.

¿Qué opinión le merece el nacionalismo como ideología?

Este nacionalismo identitario del Volkgeist es absolutamente nocivo y destructivo. Una cosa es creer en una comunidad cultural lingüística a la que perteneces, a la que yo pertenezco, y otra cosa es ese sentimiento español que es un sentimiento de ciudanía, integrador, que no tiene nada que ver con ese nacionalismo casi racista que es el nacionalismo separatista.

Usted es historiador de formación. ¿No cree que una de las peores perversiones nacionalistas es la manipulación de la historia para adaptarla a un relato sesgado y manipulador del pasado que responde a intereses partidistas?

Sí. Mi historia dentro de los movimientos pro hispanos y antiindependentistas nació hace justo un año cuando, con otros compañeros que también son historiadores, decidimos crear una asociación que se llama Som a temps después de asistir a una conferencia de un diputado de CiU que decía que debíamos inventarnos los mitos para fomentar el tricentenario de 1714. Hicimos una serie de reuniones y simposios. Saltaron todas las alarmas cuando hicieron el simposio Espanya contra Catalunya, que fue promovido y subvencionado por la Generalitat. A partir de ahí intentamos dar la batalla histórica. La falsificación de la historia es el gran argumento del nacionalismo separatista y ahora esto se visibiliza con el famoso tricentenario 1714-2014.

Dentro de la asociación hay personas de izquierdas y de derechas, monárquicos y republicanos, federalistas y centralistas, gentes de muy variado espectro ideológico y político. ¿Cómo se mantendrá una unidad de acción en medio de planteamientos tan dispares y contrarios entre sí?

Pues porque somos españoles. Cuando hubo la guerra de la independencia, usted sabe que se juntaron las juntas españolas: gente progresista, liberal o conservadora que ante el ataque de un país extranjero que nos quería destruir decidieron unirse. Pues estamos en la misma tesitura ahora. Gente de izquierda, como Joaquim Coll, militante del PSC y de CC. OO., que procede de una izquierda ilustrada; y gente como yo, que me defino como de centro derecha liberal; nos hemos puesto de acuerdo en el punto número uno: somos catalanes y nos sentimos españoles. Y ante esto todo lo demás es absolutamente secundario.

Desde el mundo nacionalista se les acusa de no ser representativos, de ser irrelevantes. El próximo 11 de septiembre pretenden reunir a miles de personas en Tarragona en una manifestación contraria a la independencia. ¿Será ese el bautismo de fuego de SCC?

El bautismo de fuego lo tuvimos ya hace un mes y medio cuando creamos SCC en el Valle de Arán, que fue el primer punto de inflexión en la lucha contra el independentismo. Además, lo hicimos allí porque nosotros queremos mantener unida Cataluña, porque los araneses tienen muy claro que en caso de independencia ellos son araneses y españoles. Lo hicimos en ese lugar precisamente para demostrar que estamos a favor de la unidad de Cataluña y, por lo tanto, a favor de la unidad de España. Hemos hecho muchos actos en Tortosa, Tarragona Badalona, etc. Sí, es cierto que será el acto más vistoso después de la presentación que hicimos el 23 de abril en el Teatro Victoria, donde reunimos varios cientos de personas y muchos se quedaron fuera sin poder entrar. Nosotros no pretendemos hacer un acto multitudinario en Tarragona y demostrar que somos mejores que otros. Queremos hacer un acto moderno, histórico, visual, plástico, de denuncia de la perversión de la manipulación y, además, queremos hacer un acto positivo, de futuro, donde estemos todos los catalanes que no queremos que nuestro país se rompa. Queremos luchar por la libertad de todos los españoles, igual que en 1714. 

¿Qué le parece la forma cómo Mariano Rajoy está afrontando este desafío independentista?

Tengo una sensación agridulce. Es cierto que Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno, no ha echado gasolina al fuego, que es lo que buscaban los independentistas. Ha intentado siempre rehuir el enfrentamiento frente a un problema que no era el problema de España, sino algo que han provocado los independentistas. En este sentido lo ha hecho muy bien. Pero sí que he echado de menos una presencia del Estado, un discurso sentimental y de apoyo. También propaganda en contra del independentismo. Así se lo hice saber al presidente del Gobierno. Me sorprendió, además, agradablemente porque tenía la impresión de que desconocía el problema catalán o que lo miraba con cierta laxitud, con cierta distancia. Encontré a un hombre profundamente documentado, bien informado, con las ideas claras, teniendo muy claro que no va a saltarse la legalidad, lo cual me tranquilizó muchísimo. 

Y para finalizar: ¿por qué Cataluña debería seguir en España?

Cataluña no debe seguir en España, Catalunya és la millor terra d’Espanya.

Roberto Augusto y Josep Ramon Bosch

viernes, 18 de julio de 2014

Podemos: una grave amenaza para la democracia


Pablo Iglesias, líder de Podemos

Artículo publicado en La Voz Libre el 18-07-2014.

Cuando la gente deja de creer en el sistema y en los partidos tradicionales pueden surgir figuras carismáticas que prometen arreglarlo todo mágicamente. Las democracias decadentes suelen degenerar en dictaduras populistas y demagógicas o en gobiernos que son peores que aquello que criticaban.
Podemos no es parte de la solución: es solo un síntoma del problema. La corrupción y la incompetencia absoluta de los partidos políticos españoles ha hecho que muchas personas, ingenuamente, hayan creído que este nuevo actor político va a traernos la regeneración democrática que todos deseamos. Se equivocan completamente. Si la formación de Pablo Iglesias llegara a gobernar España algún día, cosa que espero que nunca suceda, nos hundiríamos todavía más en la montaña de basura sobre la que nos encontramos. Pablo Iglesias como presidente nos traería la ruina económica, la fragmentación del Estado y el caos en pocos años.

Las propuestas de Podemos, algunas de ellas lógicas y deseables (por ejemplo, acabar con el aforamiento de los diputados), se mezclan con ideas imposibles que parecen más propias de una tertulia de café que de un programa de gobierno. Es muy bonito prometer una jornada laboral de 35 horas, la jubilación a los 60, una renta básica universal, ampliar el permiso de paternidad y un apartamento en la playa para cada español. Por prometer que no quede. ¿Y cómo pagamos todo eso? Fácil: le quitamos el dinero a los ricos y se lo damos a los pobres. ¿Cómo a nadie se le había ocurrido eso hasta ahora? Lo que olvidan los partidarios de Podemos es que el capital y las empresas no tienen fronteras. Y que llevarte tu negocio o tu dinero a otro país es algo que nadie puede evitar.
Otro aspecto que me resulta inquietante de Podemos es el caudillismo que desprende su líder Pablo Iglesias. Un aspirante a Hugo Chávez español y aprendiz de brujo que está jugando con fuego. Los personalismos en política son un grave error. Un país serio lo que necesita son proyectos sólidos y creíbles, una población formada y una democracia saneada. Alemania o Francia deberían ser nuestro modelo, no la Venezuela del chavismo o la Cuba decadente de los hermanos Castro.
 

martes, 15 de julio de 2014

El liderazgo positivo




Artículo publicado en La Voz Libre el 14-07-2014.

John C. Maxwell define de manera simple y perfecta la idea de liderazgo: es influencia. Un líder es aquel que tiene la capacidad de influir en los otros. Cuanta más influencia más liderazgo. Sin embargo, hay dos formas básicas de conseguir esa tan ansiada influencia: la negativa y la positiva.
Un líder negativo basa su poder en la destrucción del trabajo de otros, en la división. Se pasa el día criticando e intentando destruir a aquellos que pueden amenazar su estatus. Su manera de ver el mundo es maniquea y sectaria: o estás conmigo o estás contra mí. Solo admite el seguidismo ciego y ve cualquier crítica como una amenaza, no como una oportunidad para mejorar.
 
Esta clase de líderes dividen a la gente y sacan lo peor que hay en su interior. Un ejemplo evidente es el caso de Hitler. Alcanzó el poder con un discurso basado en el odio a los que eran diferentes, en el racismo y el nacionalismo. Se centró en lograr el poder, no en hacer mejor la vida de los demás. Por eso su legado es de muerte y destrucción, de división y odio.
El liderazgo positivo, en cambio, logra la unidad. No divide, sino que une a los que son diferentes en el propósito de lograr un mismo objetivo. Esos líderes no construyen su poder destruyendo a los demás, pisando a los que se cruzan en su camino. Hacen que los que les rodean sean mejores, que lleguen más alto. Les impulsa un propósito noble, no la búsqueda del poder por el poder.
 
Muchos hombres y mujeres han ejercido ese liderazgo positivo a lo largo de la historia. Se me ocurre el nombre de uno de ellos: Vicente Ferrer. Una persona centrada en hacer mejor la vida de los que menos tienen en un país tan pobre como la India. Después de su muerte su legado perdura en su fundación, en la vida de todos aquellos a los que ayudó. Es un ejemplo de líder positivo que todos deberíamos intentar emular en nuestras vidas.
 
 

jueves, 10 de julio de 2014

Entrevista a Joan Colell


Joan Colell: “Krishnamurti es un amigo del ser humano”

Entrevista publicada en El Emotional Magazine

Roberto Augusto, filósofo, entrevista a Joan Colell, presidente de la Fundación Krishnamurti Latinoamericana. Preguntas que nos permiten profundizar en la figura, persona y filosofía del pensador. Con respuestas que van a la esencia de Krishnamurti: entender que lo importante es llegar al conocimiento de uno mismo. “Y que cada uno tiene que hacer el trabajo por sí solo”.

¿Cómo definiría a Jiddu Krishnamurti si es eso posible: filósofo, maestro espiritual, gurú…?

Esa es una pregunta interesante que ha surgido en muchas de las reuniones de las fundaciones, y por la presión de las editoriales. Las librerías no saben cómo catalogarlo, y el público en general. Lo que puedo aportar en este tema es una visión personal, porque lo conocí. Krishnamurti es un amigo del ser humano. Esa es la sensación que él desprendía. En las reuniones o conferencias podía parecer un gurú, un entendido en la materia. Pero nunca tuve esa impresión. No subía al pedestal de cualquier catalogación. ¿Y qué hacen dos amigos? Caminar juntos en la búsqueda de la verdad.

¿Qué es la Fundación Krishnamurti Latinoamericana y cuál es, brevemente, su historia?

Joan Colell
La FKL es una de las cuatro fundaciones que Krishnamurti estableció en su testamento para lograr que hubiera una difusión de su obra en cuatro partes del mundo. Para eso creó la FKL, que abarca todos los países de habla hispana. La función de la FKL es básicamente difundir las enseñanzas de Krishnamurti.

Durante nueve años estudié Filosofía en la universidad. En todo ese tiempo nadie me habló de Krishnamurti. A pesar de tener muchos seguidores su presencia en el mundo académico es nulo, al menos en España. ¿Cómo valora esta situación?

Este es un problema no solo de España, sino a nivel mundial. Aunque no es que no haya conocimiento de Krishnamurti ya que es bastante conocido. La dificultad es trasladar lo que uno comprende al ámbito educativo porque las estructuras establecidas son muy fuertes. Krishnamurti entra como filósofo, como una nueva filosofía. Pero él no defiende una nueva filosofía. Es un caminar, un aprender juntos para descubrir, un vivenciar. Por lo tanto, no puede ser algo establecido, fijo. Y esa es la dificultad que encontramos en el mundo educativo. 

Pienso que una de las causas del escaso aprecio de la obra de Krishnamurti en el mundo académico se debe al hecho de que se le ha catalogado como un autor de autoayuda, con todo lo negativo que eso implica. ¿No cree que ese prejuicio contra la llamada “autoayuda” ha perjudicado la difusión de la obra del gran pensador indio?

Sí, por supuesto. Pero el que realmente sale perjudicado no es Krishnamurti, sino la persona que no tiene el interés de entrar en ese camino tan complejo. Cuando decimos que la filosofía es un camino la gente piensa que ese camino es externo. Sin embargo, ese camino es interno. Por lo tanto, el que pierde si no recorro ese camino soy yo, no Krishnamurti. Ese cambio de dirección es lo que necesita la educación actual. Cuando se entienda eso, entonces Krishnamurti tendrá mucho más peso en el mundo educativo.

En mi opinión la filosofía que se estudia en España cae en el eurocentrismo, ya que solo se valoran a autores europeos ignorando las tradiciones de la China, la India y del resto del mundo. ¿No cree que si Krishnamurti fuera, por ejemplo alemán, su obra sería más apreciada?

Puede que en el mercado sí. Quizás también le habría ayudado a lograr más impacto el tener otro nombre. Pero no se trata de promocionar a Krishnamurti. Lo que él expone, en síntesis, es el conocimiento propio. Por tanto, ¿de qué me sirve que un autor sea muy popular si yo no me conozco a mí mismo?

Por primera vez, en 1964,  tuvo la oportunidad de asistir a las charlas públicas que ofrecía Krishnamurti en Saanen, Suiza. Relátenos esa experiencia.

Fue interesante porque era muy joven en esa época. El lugar elegido, Suiza, ya evocaba limpieza, el cuidar mucho la naturaleza. Y la carpa donde él daba las conferencias estaba cerca de un río. Era agradable pasear por allí. Durante la hora y media que duraban las charlas públicas, la gente estaba en silencio. Luego, al final, siempre había dos o tres reuniones de preguntas y respuestas. Mil quinientas personas mantenían un cierto respeto, algo que no había conocido donde vivía. Me impresionó el hecho de que hablaba muy despacio. No pretendía ningún protagonismo. Tenía una sensación de espacio, gracias a las montañas y al valle, que era precioso. La gente, en ese silencio, hacía preguntas. En los diálogos de preguntas y respuestas, lo que más me sorprendió es que no había respuestas inmediatas. Krishnamurti se tomaba un tiempo y miraba a la persona antes de responder. Eso significa que no tenía respuestas prefijadas. No respondía como un autómata, sino que valoraba y sopesaba la cuestión planteada. En ocasiones, cuando le hacían una pregunta, a veces daba la impresión de que no la respondía; sin embargo, su respuesta iba más allá de la simple pregunta, exponía el trasfondo de dónde surgía la pregunta, el verdadero motivo de la pregunta. Cuando entendí eso, me di cuenta de que sus respuestas eran muy profundas.

Su primer encuentro más directo con Krishnamurti fue en 1971. ¿Cómo era el trato personal con él?

Unos años antes lo saludé después de sus conferencias. Fue a partir de 1971, gracias a mi trabajo en la fundación, cuando pude tener un contacto más directo. Esta pregunta es complicada, ya que Krishnamurti no se comportaba de una manera habitual; sus reacciones eran como las de un niño pequeño; nunca sabías cómo se comportaría ni lo que sucedería. Dejaba hablar mucho, escuchaba. En general era amable, muy observador, educado, sensible y delicado. Parecía débil físicamente, padeció varias enfermedades, y su cuerpo tenía unos cambios de energía que, para mí, eran inexplicables.

De 1977 a 1979 estuvo en Puerto Rico ayudando como síndico de la FKL, ¿cómo valoraría la presencia de Krishnamurti en América Latina?

En esa época era desconocido. En algunas charlas públicas venían personas de diferentes países de Latinoamérica, pero había pocos libros. Una de las funciones que hice fue viajar y conseguir editoriales. En 1980 ya teníamos cuatro o cinco editoriales y llegamos hasta un máximo de dieciséis. Actualmente es conocido como en cualquier otro país del mundo.

Hay, según mi parecer, un momento clave en la vida y la obra de este pensador: el abandono de la Teosofía y la disolución de la Orden de la Estrella de Oriente. ¿Al ser la verdad una tierra sin caminos cualquier organización de carácter espiritual debe, por definición, corromper la verdad?

Según Krishnamurti, sí. Cuando hablamos de un camino entendemos un camino fijo por el cual uno puede transitarlo cada día. Pero el camino de la verdad es movible, no es fijo. Por tanto, no puedo tener una regla, una norma. No puedo comer la comida que comí ayer, ya que será otra comida. Disolvió la sección de la Teosofía, que era la Orden de la Estrella de Oriente, porque se había convertido en una regla fija. Él aclaraba que una regla fija no puede llevar a una verdad en movimiento. La vida es como un río que fluye. En el momento en que le pones una presa el agua se estanca, pero al final pasará por arriba porque no se puede evitar el fluir de la vida. El condicionamiento es esa presa en la que nosotros estamos prisioneros.

Krishnamurti creía que toda la humanidad era una y que el nacionalismo era una enfermedad terrible. Por desgracia ese problema sigue tan vigente como siempre.

Hay muchas personas que creen eso mismo, debido a que son conscientes de sus consecuencias. ¿Por qué la humanidad es una? Eso es algo muy obvio. Todos tenemos el mismo cuerpo con pequeñas diferencias. Si algún día viajamos a otros planetas y nos encontramos con otros seres inteligentes, no entenderán que nos peleemos entre nosotros porque todos formamos parte del mismo planeta. El nacionalismo solo es la extensión de la división interna. Si yo mismo, en lo interno, no estuviera dividido, vería que la humanidad es una.

Diría que la obra de Krishnamurti defiende una filosofía de la unidad, una concepción holística del ser humano, frente a las ideologías de la división que enfatizan las diferencias. ¿El camino que debemos seguir es el de la unidad o el de la separación, como defienden algunos?

Imaginemos que una pierna se pelea con la otra porque se ha adelantado. O que un ojo quiere mirar a la derecha y el otro a la izquierda. Eso genera un problema enorme porque tengo una división interna. Esa división no es real, es ficticia, no existe. La división en la humanidad es una consecuencia. No obstante, la humanidad es una. A partir de ahí, cada uno, por intereses y distintas circunstancias que todos sabemos, crea una división. Es verdad que esa división existe, pero en el origen es mentira, es falsa. Por eso el nacionalismo nunca puede solucionar nada, porque su base es ficticia. Es un invento del ser humano creado por guerras, economía, religiones o por intereses previos. Por consiguiente, ese camino no conduce a ningún lugar. ¿Cuántas guerras ha provocado en el mundo? ¿A qué han conducido o a qué conducen? No han solucionado el problema base. Si no vemos que en lo interno estamos divididos, es muy difícil que veamos que la humanidad es una.

Krishnamurti no creía en un Dios personal o en la vida después de la muerte. Aunque él rechazaba este calificativo, ¿podría ser calificado de ateo?

Se podría calificar de ateo en el sentido de que no cree en un Dios fijo, que es en lo que normalmente se suele creer. Esto está ligado a su manera de entender la verdad: al no ser fija no puede estar en un lugar. El tema de si cree que hay vida más allá de la muerte es complejo. Según dice, ¿qué soy yo ahora? Básicamente soy un conglomerado de condicionamientos que llamamos el ego, o la estructura sicológica. Eso sí que no tiene continuidad porque es falso. El ego es un manojo de recuerdos, de experiencias pasadas. Esa estructura del Yo, al igual que el cuerpo, cuando muero, desaparece. Ahora bien, si hay o no vida después de la muerte, si hay diferentes intensidades o niveles de energía, Krishnamurti nunca ha querido entrar en ese tema, aunque ha dejado entrever algunas cosas.

¿A qué se refiere Krishnamurti cuando habla de la diferencia entre el observador y lo observado?

Esa es una pregunta interesantísima. Parece ser que la observación de algo transforma lo observado. Una de las bases del conocimiento propio es la observación, la atención. Cuando observo mi egoísmo, por ejemplo, ahí se produce un cambio. El problema que hay es que separamos el observador y lo observado: juzgamos, valoramos, condenamos lo observado. Creamos una imagen, un concepto, una idea. La realidad y lo que interpretamos de ella no son lo mismo: es una interpretación. Vivimos separándonos de las cosas que observamos. La base del observador y lo observado es la comunión entre dos: el que mira y lo que es mirado se unen. Así se establece una conexión unitaria.

¿Qué le parece la comparación que se ha hecho entre las figuras de Buda y de Krishnamurti? ¿No cree que el budismo ha ejercido una importante influencia en su pensamiento?

En el pensamiento de Krishnamurti no, en el nuestro sí. Respeto las creencias de todo el mundo. Sin embargo, estamos hablando de la esencia de la religión. Creo que Krishnamurti dijo una vez que si la gente hubiera entendido a Buda no existiría el budismo. Por eso él nunca quiso que hubiera una religión krishnamurtiana. No le interesaba una religión concreta, sino ir a la esencia. Hay una similitud muy grande entre lo que hizo y dijo Buda, y lo que hizo y dijo Krishnamurti. Ninguno de los dos creó una religión. Eso fue posterior, fueron las personas las que crearon el budismo. Krishnamurti dijo que Buda fue alguien que llegó a esa verdad absoluta.

Y para finalizar: ¿qué cree que puede aportar a los que están leyendo esta entrevista el conocimiento de la obra y la vida de Jiddu Krishnamurti?

Lo primero que diría es cierto cambio de paradigma. Normalmente una persona tiene que haber sufrido una frustración profunda, un desengaño, no encontrar respuestas a preguntas fundamentales; entonces empieza a buscar, a indagar; de lo contrario, es muy difícil que lo entienda y se interese. Ahora bien, Krishnamurti no da nada, uno por sí mismo tiene que hacer el trabajo. Él tan solo es un espejo. No te ayuda, refleja lo que eres. Por eso no es una práctica, un sistema, algo intelectual, una metodología para conocerte, sino que hay que vivir la enseñanza, que es conocerse a uno mismo. Conocer la manzana no me saca el hambre, hay que comerla. Hay que entrar en la vivencia de uno mismo.
Roberto Augusto y Joan Colell durante la entrevista
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